LA TIERRA DE LA PIEDRA NEGRA


¿Querrían convertirse en desiertos en el desierto,
en luz naranja de risa y llanto,
volverse viento y dicha en la arena, néctar, escalofrío, libertad...
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jueves, 8 de enero de 2009

CARBÓN SOBRE CAL





Chiringuito, calle Huelva, Sevilla.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

ALMUERZO DE PERROS Y HUESOS ROTOS

Angola, Sudán, Birmania, Somalia… Cuando no viajo sigo viajando a través de las palabras de otros viajeros. Hoy el mecánico canadiense, mientras se sacaba pequeños trozos de hueso de la boca, ha contado en el almuerzo como una vez que estaba viajando por la nieve en sus esquíes, uno de sus perros, tiene dos, parecía tener serios problemas de estreñimiento, hasta que descubrieron que tenía atravesada una aguja de coser en el esfínter. Esta historia, contada con todo lujo de detalles, no me pareció desagradable, pero si demasiado larga y aburridísima. Yo hice un esfuerzo y aparenté escucharla atentamente de principio a fin. Sólo somos tres a la hora de las comidas y esa es toda mi vida social, por eso la cuido tanto. Las historias del anciano capitán noruego eran más difíciles de entender, pero atrajeron mi atención mucho más, la guerra civil en Angola, los campamentos infernales de Darfur, trescientos mil cadáveres flotando en el delta del Irrawaddy, y en Somalia el hotel sin techo, las ventanas cubiertas de planchas metálicas, los vuelos para la Cruz Roja que quería salvar a los niños de un pueblo S.O.S. de los colocadísimos señores de la guerra, y los perros, los perros otra vez, hartándose de cadáveres humanos en las calles de Mogadiscio. El cocinero nepalí es un monstruo en todas las recetas tradicionales de la comida india, pura fantasía y sabor, aunque hoy nos ha puesto demasiados fragmentos pequeños de huesos. El mecánico está decidido a conseguirle una sierra para que corte bien la carne congelada.

martes, 9 de diciembre de 2008

TOCADO DEL ALA O LA MUERTE DE LA NAVE (TINDOUF 2007)



A mis maestros del aire, Javier Bosch, Kieran O´Connor, Fabrizzio Galli, y en especial a Gerald Cooper, que aprendió a volar antes que a andar, cuando su padre lo sentaba en su regazo y a los mandos mientras fumigaba en Sudán.

Cuando tu vida depende de la nave, la nave es tu cuerpo y el piloto es el espíritu y la mente de la nave, tus miembros se prolongan y quedan fundidos, conectados, por el sistema hidráulico hasta las superficies aerodinámicas de control, hasta la potencia de las turbinas, tu cableado interior dirige el cableado exterior, y el piloto es la nave y la nave es el piloto, y queda la máquina habitada con un aliento de vida, y cobra voluntad, atención, consciencia. Normalmente todo cumple su función, hasta que una noche la presión del aceite desciende rápidamente, el piloto siente una ligera asimetría en la potencia, intermitente, creciente, como cuando te empujan un hombro antes de empezar una pelea, el piloto observa como se van amontonando nuevos síntomas de una muerte inminente. El piloto mira tranquilamente la distancia hacia puerto seguro -la función del GPS llamada NRST, nearest, el más cercano, fue un gran invento-. Setenta y dos millas náuticas para llegar a la base. El piloto no cree que haya que estrenar la inmensa pista de la nueva base militar secretísima que está más o menos a medio camino. Procedimiento de apagado de motor izquierdo, se observa la potencia, su rendimiento, se analiza, se ejecuta la acción precisa. El piloto cree que es muy probable que todo salga bien y así se lo dice al ingeniero pelirrojo que ya no mira ninguna de sus pantallas, de sus instrumentos y ordenadores. Sus pecas se han vuelto blancas al ver por la ventanilla una hélice inmóvil y elegantemente abanderada. A partir de esa noche sólo coordinará los trabajos desde tierra. El piloto sigue examinando todos los escenarios posibles:- Si el que queda falla, la fina panza de la nave vararía mejor en las dunas sin el tren abajo. El final es lo más fácil porque la aeronave aterriza igual de bien con un solo motor. Por supuesto el piloto no ha declarado a la torre “la emergencia” para ahorrarse todo el papeleo. Ese polvillo del Sahara, que lo reseca todo, que se mete por todos los lados y todos los rincones y se cuela hasta en la mente, tampoco le sienta bien a la turbina, de hecho la ha matado cuando aún le quedaban muchas horas de vida útil. Todos están bien pero la muerte de una turbina antes de tiempo es una gran catástrofe económica. El piloto sale de la nave como el espíritu sale de un cuerpo, la nave está muerta, al menos hasta que traigan un nuevo motor, el piloto sigue vivo, vivito y coleando.