LA TIERRA DE LA PIEDRA NEGRA


¿Querrían convertirse en desiertos en el desierto,
en luz naranja de risa y llanto,
volverse viento y dicha en la arena, néctar, escalofrío, libertad...
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domingo, 4 de enero de 2015

EL VIEJO ANZUELO O UNA COSA POR LA OTRA





  Pro rebus, pro rebus, una cosa por la otra, no sabré nunca lo que significa lanzar un anzuelo semiótico en este tapiz brocado de los destinos cruzados ¿Nada puede ser lo que es, lo que parece a simple vista sin más?¿Tiene que ser todo el código criptomierda de una cosa por la otra? ¿En qué guerra estamos unos contra otros para enmascarar todos los mensajes retorcidamente? Me pierdo, me pierdo en el laberinto multicursal preñado de hipervínculos, de símbolos, de buñuelos barrocos de calabi-yau y algarabías de lo ambiguo, el campamento MLE tiene el mismo nombre que Dickinson, la nave que vuela es una nutria gemela, el amor es alba, cultismo alquímico de la blanca nada, sin problemas cantada por Guillermo de Aquitania, estos granos de arena siempre son galaxias llenas de mundos en el mareante Sutra del Diamanta Cortador, el Nirvana es para millones el grupo de un músico colocado y suicida... Al menos ese anzuelo que usaron hace cuarenta mil años en la Isla de Timor servía para algo, era arte limpio, bueno, bello, duradero y, sobre todo, eficiente alivio contra el dolor de la víscera hueca. ¿Era lo que era? 
Me temo que es imposible que un anzuelo sea sólo un anzuelo, todo lo que el hombre maneja y ama se carga de historias, de afectos, de mitos, se impregna de la mágica complejidad de la experiencia, se totemiza, se vuelve adorno, símbolo, mensaje y ofrenda para resucitar memorias, invocar espíritus, fabricar sueños, o se guarda como un pequeño e íntimo souvenir de un tiempo de abundancia.

martes, 4 de enero de 2011

MAR DE LA EXTINCIÓN



En la mar con Mar, hablando del mar y la muerte, de la extinción, de vidas y formas breves, de paraísos, recogemos conchas mientras dejamos que la perrita Anubis se vuelva loca. Y digo estar casi seguro, convencido, vivir es siempre morir un millón de veces. Esas casas abandonadas de cal seca albergaron a multitud de seres que nadie recordará, como versos viejos o caracolas lejos de aquí que ni siquiera después de unos días podrán hacernos revivir este mar de hoy. Mira, -digo señalando el mar- si morir fuera nirvana o arena, resucitar en un mar luminoso sin forma y sin nombre como éste, en tus labios pintados o en los hematomas de tu culo estrellado, si desaparecer fuera bañarse en este olvido brillante sobre el tapiz crujiente de esqueletos de chocos, navajas y almejas, o disolverse sobre esta orilla de abrazo y madre rompiente, sería errado, ridículo, cualquier sufrir.